
Tragedia urbana de perfiles clásicos, recuerda por momentos al cine más opaco y brillante de Sidney Lumet. La frustración se refleja mejor que ninguna otra miseria personal en el cine; se refleja tan bien como la agorafóbica soledad de las grandes terminales y sus cercanos hoteles de aparente limpieza y desmesura. Cuatro personajes que parecen destinados a no encontrarse nunca se miran y esquivan sin poder evitarlo. Una fría reflexión para añorar nuestro presente con la delicadeza del más lúcido de los perdedores.