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Fotografía de Carlos Valcárcel Gay |
Conocí a Jesús García Calderón al poco tiempo
de su llegada a Lugo como fiscal jefe. Desde ese primer encuentro, frecuenté su
amistad. Charlas relajadas de café, paseos por el Parque donde él y yo
vivíamos, placenteras reuniones festivas en casa de amigos comunes, excursiones
por la hermosa campiña en la que se asienta la amurallada ciudad. Estar con
Jesús era tener asegurado un rato lleno de amenidad y de interés. Su humor, su
fácil palabra, su agudeza, su cultura y sus conocimientos de tantas cosas garantizaban
que los minutos, los lentos minutos de provincias, pasasen con insólita
levedad. Los muchos lucenses que lo trataron darán fe de estas afirmaciones Y
no sólo los que lo trataron, sino los que lo oían, semana tras semana, en aquel
añorado programa de Radio Lugo-SER, que hacíamos él y yo al alimón, dirigidos
por Tonina, y al que íbamos, sin previa preparación y a pecho descubierto, a
hablar de “Libros, música y otras hierbas”. Por todo el conocimiento que tengo
del autor y sus capacidades, no debería sorprenderme un libro tan sorprendente
como ”El Mal de la Muralla”. Y, sin embargo y aun así, me sorprendió.
Las pequeñas
ciudades, paradójicamente más que las grandes, son un mundo. Pero se velan
pudorosas a los que en ellas vivimos de siempre, que no somos capaces de
aprehenderlas en todos sus matices. Tiene que llegar alguien de fuera, alguien
dotado de preparación y perspicacia, para que la ciudad se le abra plenamente.
La comparación puede parecer inadecuada y hasta escandalosa, pero vale: no es
el rutinario marido el que mejor conoce a una mujer, sino el amante que llega
de lejos y que descubre en ella lo que ni ella misma conocía. Pero volvamos a
las ciudades y a los forasteros que nos dejan su visión de ellas. Para que esa
visión aporte algo nuevo, la perspectiva ha de enfocarse desde fuera, pero
simultáneamente desde dentro. Es decir, el forastero, sin dejar de serlo, ha de
integrarse como uno más en la vida ciudadana. Algo dificilísimo, pero que Jesús
García Calderón consiguió plenamente en Lugo. “El Mal de la Muralla” es la
prueba de lo dicho.
¿Y qué es “El mal de
la Muralla”? Muchas cosas en pocas páginas, de ahí la sorpresa de la que
hablaba hace unas líneas. A bote pronto, yo lo calificaría de ensayo lírico. Un
ensayo de psicología colectiva, de urbanismo, hasta de literatura. Un ensayo
sobre Lugo, claro está. Es notable la cantidad de información, de viva
erudición, que se maneja y que, sabiamente, suele ir referenciada, narrada más
que referenciada, a pie de página. Y como muestra de ello y de la habilidad del
autor para engarzar elementos dispares, baste con decir que dedica amplio
espacio a “El desierto de los tártaros”, del novelista italiano Dino
Buzzati
o al poema El barco del norte”, del inglés Philip Larkin. Pero al hacerlo no se
va del tema, es decir, de Lugo, sino que profundiza en la ciudad y en su mal.
Naturalmente, escritores lucenses, como su admirado Luís Pimentel y Ángel Fole,
tienen especial protagonismo. Un completo ensayo, pues. Pero el ensayo de un
poeta: las finas evocaciones, la contenida añoranza de sus años en la bimilenaria
ciudad del Norte, una vibración lírica omnipresente. Y el estilo, siempre
limpio, elegante y evocador ¿Qué más se puede pedir?
He titulado este
prólogo, La mirada del forastero”. Con la misma verdad podría haberlo titulado
“La huella del forastero”. Porque García Calderón dejó bien marcada huella,
profesional y humana, de su estancia en Lugo. Y ahora, ahondando aun más esa
huella, nos ofrece “El Mal de la Muralla”, que sin duda se convertirá en un
libro de referencia sobre la ciudad. Por su extensión, un librito. Pero un
espléndido librito.
Pasen y lean.
Jorge de Vivero
El Mal de la Muralla de Jesús García Calderón
80 págs. 15 x 21 cm.
Editorial Ánfora Nova. Serie Ensayo, Nº 15.
ISBN 978-84-88617-92-7. Encuadernación por cosido. Cubiertas a color plastificadas con solapas. 12€
ISBN 978-84-88617-92-7. Encuadernación por cosido. Cubiertas a color plastificadas con solapas. 12€