sábado, 31 de marzo de 2012

Poema


Certeza


El cabo quedó roto
y aquel pequeño esquife
navegando en silencio.
Las almas cruzan solas
por la laguna Estigia
y es que mienten las fuentes:
No es después de morir,
es al nacer
cuando Caronte impulsa
la pértiga primera entre las aguas.
Y al morir despertamos 
de aquel sueño ligero de la vida.

domingo, 26 de febrero de 2012

Reencuentro

El agua de la fuente es un misterio
que no termina nunca de entenderse.
Es contemplar preguntas que señalan
otra vez a la tierra.
La tierra siempre es triste y se repliega
al lugar del silencio. Me dijiste
adiós como si fueras
tierra seca en silencio.
La pérgola encendida,
los abruptos ropajes
y no te respondí con mis palabras:
solo atrapé las tuyas
y las guardé en mis ojos
y te las devolví con la mirada.

lunes, 13 de febrero de 2012

Panorama exterior: Bicentenario extendido

Me consultan si cierta Corporación de Derecho Público debe organizar algún ciclo o evento para conmemorar el bicentenario de la primera Constitución Española. La ciudad de Cádiz, con buen criterio, viene liderando esta señalada efeméride que debiera recordarnos cuantas veces vino a fracasar en España la libertad. Teniendo en cuenta la escasez presupuestaria y la realidad diaria de nuestras calles y mercados, organizar cualquier evento para reiterar lo ya dicho debe considerarse un despilfarro. Por eso les propongo a mis interlocutores no festejar el hecho mismo de su aprobación en la Isla de San Fernando aquel 19 de marzo de 1812, sino el recuerdo de la triste sucesión de héroes que procuraron su restauración durante tantos años oscuros de feroz absolutismo.
Esta nómina ingrata es la que debiera merecer mayor admiración y aprecio, mayor respeto ya que fue la que realmente afianzó el inicial suspiro empós de las libertades frente a la esclavitud del necio tirano, siempre peor que la dudosa propuesta de una conquista que procuraba, quizá equivocadamente, una cierta regeneración ibérica.
La imagen del heroísmo inútil ante el patíbulo y la barbarie más intransigente que lo ejecuta, jalonan en España el desenlace de tanta virtud. No hay provincia española que no cuente con su héroe liberal ajusticiado. Son muchas las imágenes pavorosas del terror fernandista. El General Riego ahorcado, decapitado y salvajemente desmembrado en la Plaza de la Cebada de Madrid. La joven Mariana con el cuello desnudo que acaricia el hierro frio del garrote junto a la Puerta de Elvira, cerca ya de los fértiles pagos de la Vega de Granada y frente a la hoguera que devora el tafetán morado de su bandera. La imagen arrebatada del valiente General Torrijos, resignado a morir en la playa de San Andrés cogido de la mano de sus compañeros. Todos son traicionados, todos sucumben conscientes de que será la suya -finalmente- la apuesta que triunfe. Pero saben también que para ello, lamentablemente, será necesario un mar de injusticia y de sufrimiento, una ignominia histórica que durará generaciones y convertirá España en un oscuro campo de batalla y dolor interminables. Este joven martirio de la libertad debe recordarse para comprender la importancia real de aquel viaje que partiera desde la pequeña Isla de León, acosada tanto por ejércitos invasores como por el rencor atávito de la tiranía que esconde sus fauces bajo los gritos, tantas veces fanáticos, de la independencia.

martes, 31 de enero de 2012

sábado, 21 de enero de 2012

Panorama exterior: Otra vez la pobreza

Lejos del abismo del Tercer Mundo, en el occidente europeo, la pobreza -quizá por su carácter esencialmente relativo- ha presentado muchas definiciones y hasta límites controvertidos que han variado sustancialmente con el desarrollo del conocimiento, de la reivindicación pública y con el disfrute pacífico de las libertades. En fechas relativamente recientes, cuando el presidente Lula alcanzó el poder, su propuesta era tan elemental como incuestionable: Todos los brasileños debían comer tres veces al día. Cada encrucijada social define la pobreza de una manera distinta. El acceso a los bienes y servicios básicos (alimento, agua potable, vivienda, educación y sanidad) determina una condición de pobreza extrema que muchos pensaban desterrada para siempre de los países occidentales de nuestro entorno. Pero la pobreza ha vuelto y convive otra vez con nosotros medio oculta, creciente y cegada por el exceso ridículo de luz artificial que anega las ciudades o abrigada en la oscura soledad de abiertos campos, antes yermos, donde brotan ahora apresuradamente preciosos vegetales bajo el plástico precario de inmensos invernaderos que parecen remiendos del paisaje.
Desde hace décadas, el hambre y la pobreza fueron diluyéndose en el estómago de la inmigración y en la pantalla opaca y silenciosa del Estado del Bienestar. La pobreza dejó de ser visible y fue sustituida por la pura marginalidad, una magnitud necesaria para alimentar voraces y oscuros apetitos vinculados con las grandes adicciones. Fue el crimen organizado quien hizo que su fiereza destrozara generaciones y recorriera los arrabales de cualquier ciudad entre dosis de indiferencia y hasta de impunidad. Mi generación no ha convivido con pobres, con honrados y prolíficos menestorosos, con familias tan necesitadas que tuvieran que recurrir a la caridad para obtener el alimento o el techo. La pobreza, la harapienta y limpia pobreza involuntaria que venía condicionada por la cuna, el clasismo y la ausencia de un trabajo estable y mínimamente retribuído, casi había desaparecido en occidente para orgullo de todos y para sostener una mínima dignidad colectiva.
Algunos, desde hace algún tiempo, sentimos que vuelve la pobreza. Los más necesitados, los mayores sin recursos con apercibimientos de deshaucio a los que olvida completamente su familia, los jóvenes sin empleo, las familias monoparentales con mujeres sometidas a vergonzosas condiciones de trabajo son colecivos que ocupan espacios de marginalidad, de rabia y de silencio. ¿Veremos de nuevo, en las calles de la brillante Europa, la indigencia del frío o esa suprema humillación del hambre?
Quien me tache de apocalíptico creo que no sabe descubrir las traiciones del mundo.

Foto Jesus García HInchado

jueves, 5 de enero de 2012

Panorama interior: Crisis de ayer

Hablar de crisis es hablar del pasado y enturbiar un poco más nuestro futuro. La escasez monetaria no es una contingencia, es una nueva realidad consolidada que ya tiene el atributo de lo ordinario. Lo crítico se vincula con una cierta fugacidad, con la dislocación abrupta de una sociedad sorprendida que desemboca, si nadie lo remedia, en un grave conflicto o en una extendida depresión ciudadana. Solo la escasa virtud que encuentra la vida pública en la verdad, mantiene esta especie de inútil esperanza en recuperar precisamente ese pasado que nos condujo al pequeño abismo cotidiano de la inseguridad presupuestaria. Olvidemos la crisis y no preguntemos cuando terminará. La crisis ya terminó ahora vivimos la verdad. Crisis significa escasez o carestía pero antes quiere decir mutación, un cambio histórico que abre un extraño tablero con distintas reglas y otros jugadores más crueles y distantes, más lacónicos y perspicaces.
Creo que quienes gestionan los recursos públicos debieran olvidar cuanto antes la palabra crisis y hablar claramente de la nueva realidad económica actual. Un espacio fértil para el egoísmo de los mercados y para la venganza de la absurda especulación reinante durante tantos años en la vida cotidiana de las clases medias.
Mi ignorancia en materia económica no me impide reflexionar. Los funcionarios responden a la cortedad limitando el consumo hasta parámetros que, pocos meses atrás, resultarían sencillamente increíbles. Se hunden las ventas de utilitarios y se disparan las de coches de alta gama. El lujo se hace más rentable y ostentoso que nunca. Los relojes más caros presentan tamaños desmedidos. La ropa de marca reproduce su signos distintitivos ad nauseam. Los perfumes exclusivos compiten por el dorado perfil de un simple tarro. Solo podemos extraer de todo este marasmo moral una triste conclusión: En general, son las clases medias las que soportan, injustamente, el precio y el peso de esta nueva verdad económica y laboral. Son ellas las que mantienen sus viejos vehículos, las que cuentan las noches y esperan. La otra opción es aún más siniestra pues nos conduce a la impune victoria del fraude y del dinero oscuro. Y ambas propuestas, además, no son incompatibles sino complementarias
Ni siquiera el poderoso Mercurio aprobaría, tal vez, tanto desorden y tanto irresponsable.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Panorama interior: Cotidiana virtud de Georges Remi

Mi colección completa de Tintin, adquirida pacientemente durante mi época de estudiante, la destrozó el terrier que alguien tuvo la mala ocurrencia de regalar a mi hijo Jesús. Aprovechando el popular y reciente lanzamiento cinematográfico, el oportuno Circulo de Lectores ofrece la serie completa con el último formato de la Editorial Juventud a un precio módico y en cuatro cómodos plazos. Vuelvo a tenerla en casa.
La nueva lectura del famoso personaje de Hergé me ha producido algunas sensaciones que no esperaba. Siempre me pregunté cuál era la razón de un éxito tan abrumador que, en realidad, se extiende a muchos dibujantes que siguieron con acierto y rigor el surco de la linea clara. Me hago nuevamente esa pregunta y descubro matices que antes, como nos ocurre con el mejor cine, pasaron inadvertidos.
Es habitual que se recuerde cierta presencia gris del dibujante Georges Remi (su verdadero nombre) o de sus inclinaciones excesivamente conservadoras y hasta totalitarias pero estos pecados, en todo caso, no eran en absoluto extraños entre los belgas de su tiempo. Por encima de sus errores y de las crueles encrucijadas de su biografía, suele malinterpretarse su habitual discreción, su capacidad para la ensoñación o cierta limitación creativa con una condición gris que lo cubre todo pero que no se aproxima a la verdad. La mayor capacidad que tuvo fue descubrir a su alrededor, entre las personas y las cosas, la calidad y persistencia que otros aún no comprendían. La aportación de Tintin es, por ello, plural y acabará por referirse también a sus decisivos ayudantes y colaboradores, quizá más brillantes y completos en ocasiones que el propio maestro. Así ocurrió con Edgar Pierre Jacobs o con Bob de Moor, los creadores de Blake y Mortimer y del enigmático señor Barelli. De hecho, creo que fue un lamentable error, ya incorregible, que no continuaran con la serie tras la muerte de Hergé, una vez que el famoso reportero de Le Petit Vigtième prescinde de sus anacrónicos bombachos y abandona su perturbardor aspecto adolescente entre las calles de Tapiocápolis en la última entrega de esta legendaria colección de aventuras.
Definitivamente, la clave del éxito no es Hergé sino la vida de su personaje. Tenemos la sensación de que la criatura domina completamente a su creador y, conforme va pasando el tiempo, le indica en silencio qué camino debe tomar. Tampoco es cierta esa intemporalidad que se cita con demasiada frecuencia. La madurez del personaje es lenta pero perceptible y debiera haberlo conducido hasta una edad mucho más sugerente. En mi opinión, sus virtudes esenciales podrían resumirse, al margen de la destreza del dibujo -el color, la ausencia de sombras o el dinamismo de las viñetas- y del rigor argumental, en un preciosa cualidad para invertirnos. Su lectura me hacía sentir como un adulto cuando era niño y ahora me hace sentir como un niño cuando soy adulto. De la misma manera, el amplio catálogo de personajes se enmarcan bajo un aire teatral, de manera que parecen actores profesionales que tuvieran otras vidas ajenas y ocultas al drama feliz de la historieta.