martes, 1 de mayo de 2012

 Mariana Pineda
el símbolo del compromiso heroico

Presentación del libro de la editorial Point de Lunettes
El heroísmo de una señora o la tiranía en su fuerza
Drama histórico sobre Mariana Pineda compuesto por
 “Francisco Villanueva y Madrid”
publicado en la ciudad de Lisboa, Rúa Formosa, en 1837
(Prólogo de Jesús García Calderón)

17 de mayo de 2012. 20.00 horas
Salón de Actos del Consejo Consultivo de Andalucía
Plaza de Bibataubín s/n
18002 Granada

Anselmo Martínez
Director de la Editorial Point de Lunettes
Un drama histórico sobre Mariana Pineda

Jesús García Calderón
Académico de Bellas Artes y de Jurisprudencia de Granada
Los fracasos liberales del patíbulo

Antonio Carvajal Milena
Académico de la Academia de Buenas Letras de Granada
La imagen literaria de los héroes

Editorial Point de lunettes
Instituto de Academias de Andalucía
Aula de Humanismo

viernes, 20 de abril de 2012

Panorama exterior: Encuentro del fracaso

No hay grupo más fructífero que el de una generación perdida. Se atribuye la fórmula Generación Perdida a Gertrude Stein para referirse a los escritores norteamericanos que vivían en aquel fértil París de las vanguardias. Con el epíteto buscaba concentrar esa gigantesca desilusión que les entregó la guerra y los condujo hasta el extrañamiento y el abandono de su patria. Pero todos volvieron y escribieron febrilmente sobre ella, sobre sus virtudes, sus abismos y sus contradicciones. Ojalá tuviera Europa, para sanear las conciencias, para entenderse y para disfrute de la buena literatura, una generación perdida cada cuarenta o cincuenta años.
Las generaciones perdidas son árboles de raíces voraces que exhalan deliciosos y apasionados frutos del pensamiento humano, que alumbran nuevos caminos y trazan un futuro siempre prometedor tras la dosis suficiente de dolor. Nadie se conoce hasta que ha sufrido nos decía Alfred de Musset y es verdad que solo aquella sociedad que sufre los rigores de la incompetencia y el fracaso aprende a conocerse desde los ojos lúcidos de sus escritores y artistas.
Esta generación abrumada por la precariedad laboral no es una generación perdida. Nada de eso. Sus frutos puede que sean amargos pero serán valiosos y determinarán, como ha ocurrido con cualquier herencia generacional, los perfiles de nuestro futuro. Es una dimensión distinta la que sufre esta generación forzosamente desocupada porque ni hemos perdido sus capacidades (a veces se aprovecha en el extranjero) ni está extraviada en el laberinto de la imagen y el consumo. Simplemente se trata de una generación que ha sido engañada, que ha vivido el señuelo de las nuevas tecnologías desde la infancia sin tener conciencia ni enseñanza de su valor, que ha sabido imponer su lucidez y gritar cuando han querido manipularla y someterla a condiciones sociales impropias del desarrollo que les rodea.
El maltrato económico no es consecuencia de la pobreza sino de la avaricia y la impunidad de una especulación salvaje. La generación realmente perdida es aquella que tarda en generar, la que dejará, en mayor o menor medida, de nacer por nuestro egoísmo, la que les impide vivir plenamente su juventud y envejecer y les obliga a transistar por hogares marchitos. Los jóvenes perdidos suelen quedar suspendidos en una especie de anciana adolescencia interminable. Pero estos jóvenes que nos rodean no están en absoluto perdidos: Somos nosotros quienes perdimos el pulso de la realidad. Ellos solo lamentan nuestra falta de apoyo, nuestra irresponsabilidad y nuestra desconfianza.

viernes, 13 de abril de 2012

Panorama interior: El crédito infinito

Las carencias materiales son muchas veces tan leales y pegajosas como el olvido. En estos abundantes y ciegos pastos de agitación social que comienzan a calentarse con el ingrato sol de la especulación y la crisis, la lectura azarosa nos depara alguna que otra sorpresa que siempre conviene reseñar para promover una reflexión más profunda. Francisco Pi y Margall, aquel federalista radical al que siempre ha redimido su absoluta honestidad y buen juicio (se puede tener muy buen juicio y estar equivocado), lo dejó escrito hacia 1854 en una de sus obras más conocidas y personales, La reacción y la revolución, obra tan decisiva en su tiempo como apenas difundida en la actualidad donde analiza la política y administración españolas.
"Seis siglos hace ya que España vive sobre el trabajo de las generaciones venideras; seis siglos que conoce la deuda y los intereses perpetuos". Así comienza el meditado capítulo que dedica a la pesada losa de la Deuda del Estado, donde, algunas líneas más tarde, se pregunta con tristeza: "A este paso ¿no es muy de temer que la deuda absorba en pocos años la mitad de los ingresos del Tesoro?"
La lucidez siempre nos permite vislumbrar el problema y advertir el perímetro que lo circunda. Cosa distinta es que acierten las palabras que siguen a una imagen certera y encuentren una solución que nos convenza y proteja. Esta sabia claridad la debemos al filósofo y jurista barcelonés aunque no compartamos esa ingenuidad de los audaces radicales de su tiempo. "La falta de los gobiernos no consiste tanto en contraer empréstitos, como en esperar a contraerlos en épocas de trastornos y apuros, cuando más resentido está su crédito".
Su larga admonición parece la del buen padre de familia que procura corregir los excesos de la juventud irresponsable. Busquemos y escuchemos estas voces desde el rubor y respeto de nuestra ignorancia.

sábado, 31 de marzo de 2012

Poema


Certeza


El cabo quedó roto
y aquel pequeño esquife
navegando en silencio.
Las almas cruzan solas
por la laguna Estigia
y es que mienten las fuentes:
No es después de morir,
es al nacer
cuando Caronte impulsa
la pértiga primera entre las aguas.
Y al morir despertamos 
de aquel sueño ligero de la vida.

domingo, 26 de febrero de 2012

Reencuentro

El agua de la fuente es un misterio
que no termina nunca de entenderse.
Es contemplar preguntas que señalan
otra vez a la tierra.
La tierra siempre es triste y se repliega
al lugar del silencio. Me dijiste
adiós como si fueras
tierra seca en silencio.
La pérgola encendida,
los abruptos ropajes
y no te respondí con mis palabras:
solo atrapé las tuyas
y las guardé en mis ojos
y te las devolví con la mirada.

lunes, 13 de febrero de 2012

Panorama exterior: Bicentenario extendido

Me consultan si cierta Corporación de Derecho Público debe organizar algún ciclo o evento para conmemorar el bicentenario de la primera Constitución Española. La ciudad de Cádiz, con buen criterio, viene liderando esta señalada efeméride que debiera recordarnos cuantas veces vino a fracasar en España la libertad. Teniendo en cuenta la escasez presupuestaria y la realidad diaria de nuestras calles y mercados, organizar cualquier evento para reiterar lo ya dicho debe considerarse un despilfarro. Por eso les propongo a mis interlocutores no festejar el hecho mismo de su aprobación en la Isla de San Fernando aquel 19 de marzo de 1812, sino el recuerdo de la triste sucesión de héroes que procuraron su restauración durante tantos años oscuros de feroz absolutismo.
Esta nómina ingrata es la que debiera merecer mayor admiración y aprecio, mayor respeto ya que fue la que realmente afianzó el inicial suspiro empós de las libertades frente a la esclavitud del necio tirano, siempre peor que la dudosa propuesta de una conquista que procuraba, quizá equivocadamente, una cierta regeneración ibérica.
La imagen del heroísmo inútil ante el patíbulo y la barbarie más intransigente que lo ejecuta, jalonan en España el desenlace de tanta virtud. No hay provincia española que no cuente con su héroe liberal ajusticiado. Son muchas las imágenes pavorosas del terror fernandista. El General Riego ahorcado, decapitado y salvajemente desmembrado en la Plaza de la Cebada de Madrid. La joven Mariana con el cuello desnudo que acaricia el hierro frio del garrote junto a la Puerta de Elvira, cerca ya de los fértiles pagos de la Vega de Granada y frente a la hoguera que devora el tafetán morado de su bandera. La imagen arrebatada del valiente General Torrijos, resignado a morir en la playa de San Andrés cogido de la mano de sus compañeros. Todos son traicionados, todos sucumben conscientes de que será la suya -finalmente- la apuesta que triunfe. Pero saben también que para ello, lamentablemente, será necesario un mar de injusticia y de sufrimiento, una ignominia histórica que durará generaciones y convertirá España en un oscuro campo de batalla y dolor interminables. Este joven martirio de la libertad debe recordarse para comprender la importancia real de aquel viaje que partiera desde la pequeña Isla de León, acosada tanto por ejércitos invasores como por el rencor atávito de la tiranía que esconde sus fauces bajo los gritos, tantas veces fanáticos, de la independencia.